¡Diache, qué clase de año!

¡Gracias 2016! Por hacerme más fuerte y por dejarme cicatrices que valen la pena mirarlas. Mi 2016 ha sido una tremenda montaña rusa pero tuve más bajas que altas. Me operaron de un tumor que se estaba pegando a los nervios de la cara y si no lo hubiesen hecho correctamente me hubiese dado parálisis facial. Le doy las gracias porque esta situación me hizo más fuerte y el tumor resultó ser benigno. No siento mitad de mi cara pero tuve que aprender a vivir con eso (hacerme piercings ahora es un mamey). 

la anestesia me tenía triste (y también el drenaje no era muy cómodo que digamos)

Una noche de abril, hice un vídeo en la casa moneando y por fastidiar lo puse en las redes sociales. Nunca me esperé el efecto que tenía mi vídeo jocoso. Resultó ser un gran hit a través de todas las plataformas sociales que habían y por haber. Me recuerdo estar en una actividad brincando y llorando de la emoción cuando llegó a los millones de views. Me sentía popular, me sentía radiante, como toda una pautosita de twitter. 
También este año me tocó despedirme de una clase la cuál tuve la bendición de compartir por 12 años y fomenté una amistad fuerte con varias chicas. Fue difícil decir adiós pero cada unas se marcharon para cumplir sus sueños. 

Este verano me topé con varia gente que jamás pensé que iban a estar en mi vida y otras me decepcionaron severamente. Unas que prometieron estar ahí en las buenas y en las malas, y justo cuando nos ibamos a separar: se rajó demasiado rápido.
Y los chicos? Bah, ya les tenía asco porque se rajaban fácil si no le buscaba la vuelta. Hubo un “summer romance” que me jodió completa porque simplemente como cualquier pendejo me prometió un mundo y él fue el primero en rendirse cuando se dio cuenta que yo no era cualquier otra que caía en la trampa (al final fui como cualquier otra y caí en la trampa). Hubo muchas causas por las cuales me alejé pero tenía miedo perder a alguien que me alabara y me susurraba que me amaba. Tenía un vacío en el corazón que quería solamente sentirse amada por alguien. Me estaba desesperando y terminé siendo la presa de una persona que jamás en mi puta sanidad iba a compartir. Fueron más malos que buenos recuerdos pero gracias, chico, por hacerme más fuerte y saber que niños como tú no deben estar en una relación. No digas que ames cuando solamente quieres follar. Aprende a vivir, gozar y disfrutar de otros placeres antes de enamorarse. 
Aprendí a quererme. Ese vacío que tenía en el corazón lo fui llenando con amor propio y comencé a disfrutar de los placeres de la vida. Aprendí a amar estando sola. Comer sola, coger el tren sola, hacer todo sola. Lo único que me limitaba de un placer (que era comer) era mi condición de salud. Me fui empeorando con la gastritis pero aún así nunca paré de amarme y de tratar mi cuerpo bien. Yo me amo y jelou, estoy bien buena, coño, me merezco un helado. 

Aprendí a amarme y apreciar todo mi alrededor


Comienza la universidad. ¡Wow! Un cambio drástico para una chica que estudió doce años de su vida en una sola escuela. No sabía el “feeling” que tenía al respecto de empezar desde cero. Estaba sola. Y yo, como soy una introvertida imagínense la ansiedad de bregar con la gente (fo). Y ya que aprendí a cogerle el gustito de estar sola, verme obligada a socializar como que no era. Se me hizo bien difícil con ciertas personas pero con otras hubo un clic en el instante. 

Este año ya yo me había dado por vencida que no me iba a enamorar. Solamente quería estudiar y estudiar y estudiar para irme en un intercambio lo más rápido posible y comenzar una nueva vida en los Estados Unidos. El summer romance que tuve, pues, me hizo percibir que cualquier chico que me hable pues solamente querían follar conmigo y que querían joder con mis emociones. No tenían ningún interés en conocer mis aspiraciones, ambiciones y pasiones en la vida. De lo que quedaba del año no quería enamorarme. 

Hasta que lo ví a él en el primer día de clases. 
(🎶 Como un rayo de luz, en plena oscuridad, una estrella fugaz, así llegaste tú 🎶)
Estaba en la cafetería y él estaba al otro lado de ahí. Nos habíamos hablado por las redes sociales así que ambos sabíamos de nuestra existencia (por fin, un nene lindo que se da cuenta que yo existo). Siempre lo había visto por instagram y me lo ligaba mucho. Me lo ligaba desde el comienzo del 2014 (soy una professional stalker y tremenda ligona). 

Intercambiábamos miradas y me acuerdo que sus labios formaron una sonrisa directa hacia mí. Morí por dentro, necesitaba que alguien me aguantara porque esa sonrisa de él me mató. Intercambiábamos sonrisas y miradas, sin embargo, nunca hicimos el approach de saludarnos. Acho, yo no lo iba a saludar mientras estaba con un corillo brutal. Sería un papelón de siete pares. 
Me acuerdo llegar a casa y contarle a mi mamá de mi primer día de clases, y no paraba de hablar de ese chico. Me tenía encantada y no paraba de pensar en él. Pero, esto es un crush, no ibamos a ser nada. 

Pensé que él nunca me iba a hablar porque ese chico estaba por graduarse y no creo que quisiera una carne fresca de escuela secundaria. Pensará que soy inmadura… No, es que, yo estoy demasiado fuera de su liga. Él con su leather jacket y su barbita bien pimpiao’ como todo un Sagradeño. Yo soy, pues, una plasta que llegó nueva este año yo no tengo ese flow que el chico tiene. 

Días después me envía un mensaje y quería almorzar conmigo. Yo, pasmada, dije que sí sin pensarlo dos veces. Cuando llegó ese día, estuvimos cinco horas hablando de la vida. Jamás, en mi vida, había tenido un clic así con alguien pero como estaba centrada que no quería enamorarme, lo vi como un amigo. 
Ese chico que intercambiaba miradas y sonrisas terminó siendo un gran amigo. Todos los días compartíamos al punto que la gente en la universidad nos veía juntos y asumían que estábamos juntos. ¡Nah, nada que ver, si es mi amigo, bah! Como la gente le gusta hablar. 

Siempre llegaba a casa con una sonrisa y no paraba de hablar con él por mensajes de texto. Nunca supe que me estaba enamorando de él. Fue la primera persona que creyó en mí. Creyó en mis aspiraciones, en mis sueños, en mis pasiones. Él amaba la forma que mis ojos brillaban cuando hablaba de lo yo quería ofrecerle al mundo. Aun así, lo veía como amigo. 

Nuestras salidas consistían de un awkward eye contact y sin un roce en las manos porque no habíamos salido del closet con nuestros sentimientos. Mi corazón quería matar mi juicio por ser tan pendeja. Hubo muchas veces que hice que se alejara de mí por miedo que si me enamoraba, iba a sufrir. Había algo en mi corazón que nunca se rindió en decirme: ESTÚPIDA, NECESITAS UNA NUEVA RECETA DE ANTEOJOS PORQUE, MANO, CHICA, ESE NENE ESTÁ PARA TI. 

Irónicamente me receté unos nuevos anteojos que son bien hipsters y ahí pude ver que el sentimiento era recíproco. Sentía que ya era muy tarde y que ya se dio por vencido el chico. Ya me estaba rompiendo la cabeza y creando escenarios: no puede ser que la oportunidad la tenía en la punta de mis dedos y lo dejé ir. 

Un 24 de octubre, me puse para mi número. Estaba a punto de irme para el tren y siempre nos despedíamos en un mismo lugar… Nos miramos y ahí mi corazón palpitó, mis manos empezaron a sudar y nuestros labios chocaron. 
Desde entonces, volví a nacer. Todas las malas memorias de este año se borraron de mi mente. Él sanó las heridas abiertas de mi corazón. Me hizo sentir que, ¡coño!, valió la pena esperar. 

Esta foto fue tomada dos horas antes que comenzara todo ✨ (ah, y me dio su hoodie favorito, mira que chulito él)

(🎶 SE ME QUIEBRA LA VOZ AL DECIR QUE TENGO FIEBRE DE AMOR POR TI 🎶)

A esta persona, le doy las miles de gracias por hacerme creer en lo que antes ya no creía. En arriesgarme para algo que sí valía la pena, a aprender a vivir sin miedos, en poder amar a una persona. Me acuerdo entrar al tren el mismo 24 de octubre, llorando de la emoción. Se sintió como mi primer beso. Se sintió que esto va a durar por mucho. Y óyeme, yo llevo toda una adolescencia tratando “too hard” para que cayera cómoda en un relación y nunca lo pude hacer. Esta vez, cayó todo en su lugar a pesar que lo empujé varias veces. 
Te doy las gracias por estar en las buenas y en las malas. Le doy gracias a la vida por haberme golpeado completa con tantos cambios abruptos y que venga una persona a borrarme toda mala memoria. 2016 fue un año malísimo para mí (hubo muchos detalles personales que tuve que aguantarme) pero hemos cerrado este año con un broche de oro. Hoy, despido a 2016 con mucha alegría y una rica champaña en la mano mientras escribo esta publicación. 

Saludo a este 2017 con una persona que quiero mucho a mi lado, con muchas oportunidades y con buenas memorias a punto de hacerse realidad. Gracias a todos que creyeron en mí y me han visto crecer este año. Los amo muchísimo, y a mi Kef, lo amo infinitamente

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